martes, 12 de julio de 2011

Nostalgia


Nostalgia, esa es la palabra escondida.

¿He nacido para echar de menos? Aprender a vivir con lo que tenemos... donde queda lo demás?
Escondido entre los sueños que de vez en cuando se atreven a susurrarte al oído que vuelvas. Ese lugar azul, salado, del que en realidad perteneces y nunca deberías haber dejado olvidado. Vuelve. Las oyes? Escriben tu nombre en la arena para que reconozcas el camino.
Construir una vida. Ser algo distinto. Que podía sobrevivir fuera del agua. Pero, a veces, me faltan las grietas de la sal, la arena, la piel quemada por el sol.
Soy lo que tengo? Soy lo que pude ser?
Quizá simplemente todo se reduce a nada.

domingo, 3 de abril de 2011

Lectura


En ese momento me di cuenta de que las hormigas sí disponen de líquido lagrimal. Pero no brota de los ojos hasta que el dolor es insoportable: como el mío en aquel instante. Lloré como nunca había llorado una hormiga.
Alex y Lilly volvieron a la habitación. Me sobrepuse; Lilly no tenía que verme llorar. Claro que, de todos modos, no me habría visto llorar, yo era demasiado pequeña, pero era una cuestión de principios.
Alex tapó cariñosamente a Lilly y le leyó Pippi Calzaslargas. Pero, por muy divertidos que fueran algunos pasajes con la señorita Prysselius, Lilly no se rió ni una sola vez.
Después de leerle tres capítulos, Alex apagó la luz y se quedó tumbado junto a ella hasta que se durmió la pequeña. Se notaba lo mucho que se preocupaba por Lilly.

Al oír sus pequeños y dulces ronquidos, Alex se levantó con mucho cuidado. Caminó a hurtadillas hasta la puerta, volvió a mirar Lilly, ya dormida, respiró hondo y salió triste del cuarto.

Ahora yo estaba sola con mi pequeña.

Me acerqué a su cara. No se movió aunque is seis piececitos seguramente le hicieron cosquillas. Dormía profundamente. Le susurré "Te quiero", y le di un besito de hormiga en el labio inferior.

Luego me tumbé sobre su mejilla. La respiración rítmica de la pequeña me meció hasta que yo me dormí dulcemente.

Maldito Karma, David Safier

lunes, 28 de febrero de 2011

Lectura


El dos gana al uno. El uno es mejor que el cuatro. El tres puede bastar o pasarse. El cinco es llegar demasiado lejos. El seis, un delirio.
Ahora va avanzando, adentrándose cada vez más en el inframundo de su propia nada, el lugar de su interior que coincide con todo lo que ella no es. Sobre su cabeza el cielo es gris, azul o blanco, a veces amarillo o rojo, en ocasiones púrpura. Bajo sus pies la tierra es verde o parda. Su cuerpo se yergue en la confluencia del cielo y la tierra, y es suyo y de nadie más. Sus pensamientos le pertenecen. Sus deseos también. Encallada en el reino del uno, invoca al dos, el tres, el cuatro y el cinco. A veces seis. En ocasiones incluso el sesenta.
Sunset Park, Paul Auster

lunes, 24 de enero de 2011

Lectura


Todos nos aguantamos con el corazón clavado en la tripa y en la garganta. Sin hacer ruido. No queremos que lo oigas. Es espantoso el ruido de un corazón cuando se rompe. Como un huevo a punto de abrirse aplastado por un bulldozer de porcelana. No queremos que comprendas. ¿Sabías? Queremos seguir oyendo un poco del tú y del nosotros funcionando con normalidad, con palabras, y sin tubos de plástico. ¡Queremos "antes" y ahora! "Señores, señoras, por favor, diríjanse a la salida" No pueden arrebatarte así a una madre. ¡Quiero quedarme! La operaré, durmiendo pegadito a ella, veréis cómo se despierta. ¡El sol entre sus dedos, ya veréis, ya veréis! ¡Vamos! Si las enfermeras, con sus ojos cubiertos de párpados, lo dicen, debe de ser cierto: se acabó. No he conseguido retorcer los relojes, cambiar el curso de nuestro destino, no he conseguido hacer magia, ni he conseguido el amor, ni la medicina, ni nada.
Lisa ha tirado su corazón contra la pared, papá va a recogerlo. Yo he tirado mi corazón contra la pared, papá va a recogerlo. Me tiro contra la pared, papá va a recogerme.

La alargada sombra del amor, Mathias Malzieu

martes, 11 de enero de 2011

Lectura


¿Porque tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé .¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas. Busqué en él la luz de los satélites. Pero aún había demasiada claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecieron inmóviles, cada una en su lugar, como clavadas en el cielo. Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único círculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa.

Sputnik, mi amor , Haruki Murakami

sábado, 1 de enero de 2011

Lectura


-Pues bien, ese es un sufrimiento insignificante si lo comparas con el que puede originar el amor. Todo el placer y la alegría que el amor provoca puedes pagarlos un día con muchos sufrimientos. Y cuanto más intensamente ames, más intenso será el dolor futuro. Conocerás la angustia de los celos, de la incomprensión, la sensación de rechazo y de injusticia. Sentirás el frío hasta en tus huesos, y tu sangre formará cubitos de hielo que notarás correr bajo tu piel. La mecánica de tu corazón explotará. Yo misma te instalaré este reloj, conozco perfectamente los limites de su funcionamiento. Como mucho, es posible que resista la intensidad del placer, pero no es lo bastante solido para aguantar los pesares del amor.

La mecánica del corazón, Mathias Malzieu

domingo, 24 de octubre de 2010

Quise


Quise correr mas rápida que el viento que me arrastra hasta los sueños mas azules. Grité a las estrellas que las odiaba y así tener un motivo para estar enfadada conmigo misma. Me emborraché para poder decir la verdad. Busqué entre la basura los despojos de lo que odie ser un día. Fui a sitios que creía prohibidos. Cerré los ojos y me dejé llevar. Soñé que estaba en un avión y simplemente caía. Me escondí entre las pelusas que se amontonan en los rincones de la casa. Ligué con dos monjas un sábado por la noche. Miré fijamente al sol para quemarme las retinas. Lloré como una niña solo porque sentía. Te tiré un tomate sólo para que estuvieras furioso. Quise odiarte y odiarme. Te deseé al caer la noche. Tiré la llave donde están guardados todos mis sueños pero volvió. Me chupe los dedos después de comer al pensar en tu sonrisa. Quise escapar de mis recuerdos.
Pero no sirvió. No sirvió absolutamente de nada.
Estoy enamorada de ti. Y tu estas enamorado mi.

Se lo conté todo a una hormiga y me dijo que eso era amor. Que ella no lo había experimentado nunca pero que alguien lo había hecho un día y se lo había contado.

martes, 29 de junio de 2010

Decepción

Hace unas cuantas semanas que me ronda una palabra por la cabeza... Decepción.

Aún me sorprende como fui capaz de creerla y como llegué a pensar de forma sincera que había una amistad... una lástima.
Porque como siempre las cosas caen por su propio peso y con el tiempo la evidencia de la mentira nos aplasta la cabeza. Y ya da igual que intentemos dar tremendas explicaciones a ciertos actos porque la simple verdad es que hemos vivido una mentira.

Y otra vez a aceptar eso... la mentira. Y el alma se nos vuelve a caer a los pies. Y otra vez a volverla a levantar mirando la gente que si que vale la pena y que nunca nos a fallado... quizá porque simplemente también valoran lo que es para nosotros la amistad.

domingo, 18 de abril de 2010

Lectura


Miró sus manos. ¡Cómo las odiaba! Estaban impregnadas de belleza y de muerte, en una combinación imposible de conjugar pero con la que se veía obligado a vivir. Sólo cuando la acariciaban, habían sido buenas. Su piel contra la de ella había espantado todo mal obligándolo a huir por un instante. Al mismo tiempo, habían alimentado su maldad oculta. El amor y la muerte, el odio y la vida. Opuestos que los habían convertido en polillas revoloteando cada vez más cerca de la llama. Y ella se quemó primero.
El sentía el calor del fuego en la nuca. Ya estaba cerca.

La Princesa del Hielo, Camilla Läckberg

martes, 6 de abril de 2010

Lectura


- Lo siento, te he confundido con otro...
- Confúndame con quien quiera...
Un hombre llorando es algo que no pasa nunca en un bar de striptease. De hecho, Julie no había visto nunca a un hombre llorar. Siempre era ella la que lloraba. Tendió los brazos para coger a Brutus, pero este se quedó acurrucado en las rodillas de Boris, que, por su parte, no hacía nada para retenerlo.
- Parece que no quiere abandonarte...
- ¿Es suyo? Debe tener frío...

- ¿Estás bien?
- No, no muy bien.

- ¿Que te pasa? ¿Mal de amores?

- Mis peces van a morir...

Boris, al pronunciar la palabra, no pudo contener un enorme sollozo. Julie, aunque tenía su corazoncito, no daba crédito que un hombre pudiera llorar por unos peces.
- ¿Tanto los quieres?

Por un instante Boris pareció salir de su pena. Reflexionó.

- Sin ellos, mi vida ya no tendría sentido...


El frío modifica la trayectoria de los peces, Pierre Szalowski