
-Bien. ¿Ooooh. esto marcha muy bien! Pero ¿qué es ese ruido grandisimo y silbante que me pasa por lo que de pronto voy a llamar cabeza? Quizás lo pueda llamar... ¡viento! ¿Es un buen nombre? Servirá..., tal vez encuentre otro mejor más adelante, cuando averigüe para qué sirve. Debe ser algo importante, porque desde luego parece haber muchisímo.... .... ¡Vaya! ¡Huy! ¡Qué magnífica sensación! No parece servir de mucho, pero ya descubriré más tarde lo que es. ¿Ya me he hecho alguna idea coherente de las cosas? -No.
-No importa porque, oye, es tan emocionante tener tanto que descubrir, tanto que esperar, que casi me aturde la impaciencia.
-O el viento?
-¿Verdad que ahora hay muchísimo?
Y de qué manera! ¡Eh! ¿Qué es eso que viene tan deprisa hacia mí? Muy deprisa. Tan grande, tan plano y redondo que necesita un gran nombre sonoro, como... sueno... ruedo... ¡suelo! ¡Eso es! Ése sí que es un buen nombre: ¡suelo! Me pregunto si se mostrará amistoso conmigo.
Y el resto, tras un súbido golpe húmedo, fue silencio.
-No importa porque, oye, es tan emocionante tener tanto que descubrir, tanto que esperar, que casi me aturde la impaciencia.
-O el viento?
-¿Verdad que ahora hay muchísimo?
Y de qué manera! ¡Eh! ¿Qué es eso que viene tan deprisa hacia mí? Muy deprisa. Tan grande, tan plano y redondo que necesita un gran nombre sonoro, como... sueno... ruedo... ¡suelo! ¡Eso es! Ése sí que es un buen nombre: ¡suelo! Me pregunto si se mostrará amistoso conmigo.
Y el resto, tras un súbido golpe húmedo, fue silencio.
Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams